1900. Loïe Fuller
Loïe Fuller, es
conocida como bailarina, pero tambien fue coreógrafa, directora de escena y
cineasta. Nacida en un entorno muy humilde en Chicago,
podemos decir que Loïe
Fuller inventó lo que hoy conocemos como danza moderna.
La primera muestra
de su estilo la representó en el Boston Theater, después de un aprendizaje en espectáculos
de todo tipo. Fue un espectáculo minimalista, con el fondo negro y una sola
bailarina sobre el escenario, vestida
con una túnica blanca vaporosa y algo traslucida.
Los movimientos
ondulantes de su cuerpo se trasmitían a la tela mediante unas largas varas
sujetas a sus brazos, lo que sugería la imagen de una mariposa, o un hada,
mientras se desplazaba sobre el escenario con una gran precisión. Aumentaba el
efecto un innovador sistema de proyectores que transformaban el color de la tela
mientras se movía en amplísimas ondulaciones alrededor de su cuerpo.
Tras el éxito en América,
viajó a París con un espectáculo mas elaborado que conquisto al publico
europeo. Sus investigaciones sobre la luz, el color y el movimiento se inspiran
tanto en los vitrales góticos, como en las finas sedas japonesas, y le animan a
crear más de treinta coreografías de su danza serpentina, con nombres como
Mariposa, La flor, Salomé o La danza del fuego, que fascinarían a
los artistas e intelectuales del fin de siglo en Paris, como Mallarmé, Valéry,
Toulouse Lautrec o Rodin, para los que llegó a posar como modelo.
Con el cambio de
siglo gano fama internacional por la libertad estética que representa su danza
frente al ballet clásico y la incorporación de elementos teatrales hasta
entonces ausentes del mundo de la danza: el uso innovador de la iluminación o
los complejos montajes a base de series de espejos. Su propuesta se adentra en
el estudio del cuerpo, el movimiento y la materialidad, avanzando lo que otros
artistas desarrollarán a lo largo del siglo XX.

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